marzo 20, 2026

Herencia de roca y viento

 

Tengo fe en el mejoramiento humano,
en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
 - Martí.

 

Existe una especie de tristeza -parecida a la nostalgia- de un hombre contemporáneo atrapado en una vida moderna llena de comodidades que es intentar recuperar la añoranza de vivir una vida tranquila y sencilla en un entorno más natural. O bien, de recuperar aquella vida de la infancia transcurrida cuando conoció por primera vez el bosque de aquel mundo sosegado que ya no existe. Esos merodeadores sedentarios y citadinos, sentados en almohadones mientras reflexionan esto, no merecen oír el grito triunfante del azote de la montaña.

Disfrutar estar en contacto con la naturaleza, ha sido siempre parte obligatoria de la humanidad. Quienes contemplan la belleza de la Tierra, encuentran reservas de fortaleza que duran para toda la vida y nadie conoce tan bien los secretos de esta como aquel que se ha aunado en las entrañas de sus bosques, de sus selvas, de sus acantilados. La voz de la naturaleza siempre da ánimos y el corazón se reconforta en las cercanías de las montañas: siempre hay que estar preparado para cualquier viaje hacia el lugar más secreto.

El mundo está listo para ser explorado: frecuenta la naturaleza para calmarte y curarte, para que tus sentidos se afinen. Camina constantemente por las veredas de esta tierra hermosa, ya que debe ser descanso suficiente y un gran regalo. Que la lluvia te sea familiar como el sol que te vio nacer. Vuelve a la vida de los frescos vientos y aguas cristalinas de las montañas.  Frecuéntala solo y en silencio, descubre el resplandor oculto en los bosques o ríos, verás que a través de estos ruidos escuchamos la llamada del Creador. Ya lo decía Tolkien, “No todo lo que brilla es oro, ni todos los que andan vagando están perdidos”. La vida simple, se resume en los viajes que hacemos y las cimas que escalamos: la verdadera dicha está en las montañas.

La vida requiere estar en constante aventura: no esperes a que la naturaleza llegue o se te presente. No te vas a encontrar por casualidad con lo maravilloso, hay que provocarlo, hay que buscarlo. Primero nadie te acompañará si quiera a ver un amanecer. Ya que vean el potencial de la naturaleza o de las montañas, te llamarán, te buscarán, te intentarán forzar para subir la cima, llegar a la cumbre de la montaña, donde la vista desde arriba es inexplicable, no lo voy a negar. Los largos caminos por las llanuras y estepas, por los lugares secos y escasos, te harán comprender que la gracia del viaje no es alcanzar la cumbre, sino disfrutar del camino en sí. La finalidad del montañero no es demostrar que puede llegar a la cima de una montaña, sino encontrarse en un lugar salvaje. Cuando llegues a la cumbre de una montaña, sigue subiendo, lo mismo que el viento sopla. Descansa y no te inquietes, no tienes que demostrar nada a nadie. Esas cosas no son para que las oiga la gente de por ahí de abajo. Solo entonces comprendiendo eso, podrás considerarte un verdadero viajero. No conquistas la montaña, no conquistas el risco, ni la cumbre… sino a ti mismo. Todos escalarán una montaña para que el mundo los vea: mejor tu escala una montaña para que puedas ver el mundo. Si te da miedo la aventura, si piensas que la naturaleza es peligrosa: prueba la rutina. La aventura es una actitud y el camino es para siempre. El camino de la montaña, como el de la vida, querido, no se recorre con las piernas sino con el corazón.

Tendrás que descubrir los verdaderos placeres, bien puede ser tomar un café con un amigo mientras ven las brasas arder de una fogata; mis padres alrededor de esta nos contaban cuentos antes de irnos a dormir. La naturaleza y lo sagrado se comparten. No hay mayor exploración que poner el corazón como lugar y cuando te adentras en ti mismo, el resto de la naturaleza está ahí; todas las intenciones de partir a explorar se encuentran ahí reunidas. La naturaleza salvaje te obliga en aprender sobre el terreno: escuchar los sonidos del viento, saludar a las plantas o animales, tomar agua del arroyo, cruzar la sierra y regresar a casa con una buena historia. ¿Acaso puede haber algo más serio que seguir el rastro de un surco hasta convertirse en rio? Cuanto más te acercas a los auténticos elementos, a la piedra, al aire, al fuego y a la madera, muchacho, el mundo resulta más espiritual.

Hay que caminar con paciencia, no tener prisa por encontrar las cosas sagradas de la naturaleza, más bien hay que darle mucho tiempo para que nos hablen: el tamborileo de un pájaro carpintero, el canto colectivo de los pájaros que le responden mientras sale el sol por la mañana, el olor que desprende la tierra cuando comienza a llover, el sonido del viento haciendo bailar los árboles, el paso decidido de una ardilla para esconderse, el crujir de las hojas secas, el eterno caminar de las montañas. Si, ¡las montañas caminan constantemente! Si dudas que las montañas caminan, entonces desconoces tu propio caminar: Hay un momento cuando las montañas dan a luz al hijo de las montañas, cuando miras a tu alrededor: y lo tienes todo.

La naturaleza es hermosa, pero no siempre amable; puede convertirse en un lugar peligroso -difícil- donde tengas que tomar riesgos y depender de tu propio valor para ser consciente que no siempre contarás con alguien para ser rescatado. Duerme bajo las estrellas en el piso frío, es mejor dormir en un suelo incómodo pero libre que dormir sin libertad en una cama cómoda: si estás listo para dormir en cualquier parte, estás listo para visitar cualquier lugar. Al final, tu verdadero hogar es donde acampas. Perderse, por ejemplo, también es parte de la aventura. Camino obligado: pasar hambre y frío. Si exploras directamente adentrándote en la naturaleza pura, simple y salvaje, puedes ser un mentor feroz que deshace rápidamente al confiado o novato. Domina tu mente para conquistar tu cuerpo.  Cada cierto tiempo, uno tiene que volver a nacer, solo, sin nada, sin prisas, sin mochila, sin mirar atrás, sin olvidar de vivir. La vida en la naturaleza feroz y pura no es solo comer moras al sol.

La última lección de todas: uno no puede caerse de una montaña. Una vida comprometida con la sencillez, una audacia apropiada, un buen humor, ser agradecido, trabajar lo necesario y también caminar mucho, nos acercan al mundo cada vez más recóndito de serlo. Un ser que practica la caridad en el campo merece todos los templos que habitan en este mundo, no dejes que las penas te vuelvan malo.

No olvides que nada se puede perder en una senda transitada, camina a través de la selva de este mundo y haz de todos los días de tu vida: una excursión.


 

J. Antonio L. Carrera

Marzo, 2026

 

 

 

 

  

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