Tengo fe en el mejoramiento humano,en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti. - Martí.
Existe una
especie de tristeza -parecida a la nostalgia- de un hombre contemporáneo
atrapado en una vida moderna llena de comodidades que es intentar recuperar la
añoranza de vivir una vida tranquila y sencilla en un entorno más natural. O
bien, de recuperar aquella vida de la infancia transcurrida cuando conoció por
primera vez el bosque de aquel mundo sosegado que ya no existe. Esos merodeadores
sedentarios y citadinos, sentados en almohadones mientras reflexionan esto, no
merecen oír el grito triunfante del azote de la montaña.
Disfrutar estar
en contacto con la naturaleza, ha sido siempre parte obligatoria de la
humanidad. Quienes contemplan la belleza de la Tierra, encuentran reservas de
fortaleza que duran para toda la vida y nadie conoce tan bien los secretos de
esta como aquel que se ha aunado en las entrañas de sus bosques, de sus selvas,
de sus acantilados. La voz de la naturaleza siempre da ánimos y el corazón se
reconforta en las cercanías de las montañas: siempre hay que estar preparado
para cualquier viaje hacia el lugar más secreto.
El mundo está
listo para ser explorado: frecuenta la naturaleza para calmarte y curarte, para
que tus sentidos se afinen. Camina constantemente por las veredas de esta
tierra hermosa, ya que debe ser descanso suficiente y un gran regalo. Que la
lluvia te sea familiar como el sol que te vio nacer. Vuelve a la vida de los
frescos vientos y aguas cristalinas de las montañas. Frecuéntala solo y en silencio, descubre el
resplandor oculto en los bosques o ríos, verás que a través de estos ruidos
escuchamos la llamada del Creador. Ya lo decía Tolkien, “No todo lo que brilla
es oro, ni todos los que andan vagando están perdidos”. La vida simple, se
resume en los viajes que hacemos y las cimas que escalamos: la verdadera dicha
está en las montañas.
La vida
requiere estar en constante aventura: no esperes a que la naturaleza llegue o
se te presente. No te vas a encontrar por casualidad con lo maravilloso, hay
que provocarlo, hay que buscarlo. Primero nadie te acompañará si quiera a ver
un amanecer. Ya que vean el potencial de la naturaleza o de las montañas, te
llamarán, te buscarán, te intentarán forzar para subir la cima, llegar a la
cumbre de la montaña, donde la vista desde arriba es inexplicable, no lo voy a
negar. Los largos caminos por las llanuras y estepas, por los lugares secos y
escasos, te harán comprender que la gracia del viaje no es alcanzar la cumbre,
sino disfrutar del camino en sí. La finalidad del montañero no es demostrar que
puede llegar a la cima de una montaña, sino encontrarse en un lugar salvaje.
Cuando llegues a la cumbre de una montaña, sigue subiendo, lo mismo que el
viento sopla. Descansa y no te inquietes, no tienes que demostrar nada a nadie.
Esas cosas no son para que las oiga la gente de por ahí de abajo. Solo entonces
comprendiendo eso, podrás considerarte un verdadero viajero. No conquistas la
montaña, no conquistas el risco, ni la cumbre… sino a ti mismo. Todos escalarán
una montaña para que el mundo los vea: mejor tu escala una montaña para que
puedas ver el mundo. Si te da miedo la aventura, si piensas que la naturaleza
es peligrosa: prueba la rutina. La aventura es una actitud y el camino es para
siempre. El camino de la montaña, como el de la vida, querido, no se recorre
con las piernas sino con el corazón.
Tendrás que
descubrir los verdaderos placeres, bien puede ser tomar un café con un amigo
mientras ven las brasas arder de una fogata; mis padres alrededor de esta nos
contaban cuentos antes de irnos a dormir. La naturaleza y lo sagrado se
comparten. No hay mayor exploración que poner el corazón como lugar y cuando te
adentras en ti mismo, el resto de la naturaleza está ahí; todas las intenciones
de partir a explorar se encuentran ahí reunidas. La naturaleza salvaje te
obliga en aprender sobre el terreno: escuchar los sonidos del viento, saludar a
las plantas o animales, tomar agua del arroyo, cruzar la sierra y regresar a
casa con una buena historia. ¿Acaso puede haber algo más serio que seguir el
rastro de un surco hasta convertirse en rio? Cuanto más te acercas a los
auténticos elementos, a la piedra, al aire, al fuego y a la madera, muchacho,
el mundo resulta más espiritual.
Hay que caminar
con paciencia, no tener prisa por encontrar las cosas sagradas de la
naturaleza, más bien hay que darle mucho tiempo para que nos hablen: el
tamborileo de un pájaro carpintero, el canto colectivo de los pájaros que le
responden mientras sale el sol por la mañana, el olor que desprende la tierra
cuando comienza a llover, el sonido del viento haciendo bailar los árboles, el
paso decidido de una ardilla para esconderse, el crujir de las hojas secas, el
eterno caminar de las montañas. Si, ¡las montañas caminan constantemente! Si
dudas que las montañas caminan, entonces desconoces tu propio caminar: Hay un
momento cuando las montañas dan a luz al hijo de las montañas, cuando miras a
tu alrededor: y lo tienes todo.
La naturaleza
es hermosa, pero no siempre amable; puede convertirse en un lugar peligroso -difícil-
donde tengas que tomar riesgos y depender de tu propio valor para ser
consciente que no siempre contarás con alguien para ser rescatado. Duerme bajo
las estrellas en el piso frío, es mejor dormir en un suelo incómodo pero libre
que dormir sin libertad en una cama cómoda: si estás listo para dormir en
cualquier parte, estás listo para visitar cualquier lugar. Al final, tu
verdadero hogar es donde acampas. Perderse, por ejemplo, también es parte de la
aventura. Camino obligado: pasar hambre y frío. Si exploras directamente
adentrándote en la naturaleza pura, simple y salvaje, puedes ser un mentor
feroz que deshace rápidamente al confiado o novato. Domina tu mente para
conquistar tu cuerpo. Cada cierto
tiempo, uno tiene que volver a nacer, solo, sin nada, sin prisas, sin mochila,
sin mirar atrás, sin olvidar de vivir. La vida
en la naturaleza feroz y pura no es solo comer moras al sol.
La última
lección de todas: uno no puede caerse de una montaña. Una vida comprometida con
la sencillez, una audacia apropiada, un buen humor, ser agradecido, trabajar lo
necesario y también caminar mucho, nos acercan al mundo cada vez más recóndito
de serlo. Un ser que practica la caridad en el campo merece todos los templos
que habitan en este mundo, no dejes que las penas te vuelvan malo.
No olvides que nada se puede perder en una senda transitada, camina a través de la selva de este mundo y haz de todos los días de tu vida: una excursión.
J.
Antonio L. Carrera
Marzo, 2026


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